En los años noventa, con la crisis económica, llegó una nueva profesión: el Mensajero.
Era una pesadez tener que llegar del trabajo y hacer las largas colas para comprar la poca y mala cosa que nos asignaba el Estado por las libretas de racionamiento. El pan, ni hablar, perder una hora para comprar una bola de concreto sin sabor era toda una tragedia para mí. De hecho, llegué a este país diciendo que no me gustaba el pan. Cuando conocí a mi novio me miró como si fuera una extraterrestre: "Que no te gusta el pan????". Pronto salí de mi error: es que no conocía el PAN! El de verdad, el de Paris, el alemán, el… ay, se me está haciendo la boca agua y ya me fui del tema.
Entonces, como por arte de magia apareció el Mensajero, para ahorrarnos todos los dolores de cabeza (bueno, no TODOS). No era solo el pan, eran los frijolitos, el arrocito con gorgojitos (ese fue otro trauma cuando llegué aquí, no tener que escoger el arroz), el azuquita, las dos o tres veces al año que venía algún pedacito de carne… todo traído en esos carromatos de madera hechos en casa con las rueditas de los latones de basura (creo que ahí empezó esa manía de algunos cubanos de no poder ver un latón de basura con rueditas sin despalillarlo al momento).
El Mensajero se encargaba de tu libreta por treinta pesitos al mes y la aprovechadísima oportunidad de robarte un tín de lo que te tocaba. Un tín por aquí y un tín por allá, y entre todos los vecinos iba haciéndose de unas "sobritas" que después las vendía a sobreprecio, quizás a esos mismos vecinos a los que se las quitaba.
Que conste que esta estrategia no se aplica a todos los queridos mensajeros, de hecho conocí bien a uno que más serio no podía ser y dudo mucho que robara, pero conocí a otros…
Y no tengo ni idea de todos los inventos que quizás tuviera la profesión, como todas en Cuba. Pudiera hablar de las que hice yo pero aún hay muchos cubanos viviendo de ellas y no es justo.
A mí, no obstante, no me importaba, lo tomaba como consecuencias inevitables de un bien. Cuando lo ponía en la balanza, prefería que mis cosas llegaran con unos gramos de menos (doble porque el bodeguero también tiene que coger lo suyo, como comprenderás y no te hagas el etranjero) que tener que zumbarme las odiadas colas. Ya tenía con las del camello.
Qué será de la vida de los Mensajeros? Siguen ahí? La verdad no sé.
miércoles 27 de mayo de 2009
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5 comentarios:
oh, gracias por el post costumbrista.
hay par de historias de mensajeros regadas por ahi por mi barrio que...
por cierto, check this out
http://gallery.xemanhdep.com/2009/05/24-impressive-dark-and-light-photos/
pues por ahí siguen, en la lucha.
oye, ¡tremendas fotos, Garrincha!
Garrix, tremendas fotos, lo que me desilusiono un poco saber que no eran de el, sino que las recoge de internet. igual cuando veo fotos asi se me pone la cabeza mala y empiezo a elucubrar una pila de cosas que despues se transforman en nuevas formas de editar mis fotos y mucho mucho aprendizaje de photoshop.
Gracias!!! ya me rei con PicaPica.
Adrianita, saludos.
Pues, si, los mensajeros siguen por ahi, pero que buena la historia tuya, liset. Ya se me habian olvidado estos personajes. Gracias por los recuerdos. Hip hop cubanito del bueno en el blog esta semana.
Saludos desde Londres.
Por alla te caere, London.
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